miércoles, 16 de octubre de 2013

CAPITULO 5

      El desayuno siguió en silencio. ¿Cómo se atreve alguien a quitarme mis recuerdos? Y ahora la cuestión más importante, ¿quién era yo antes del accidente? ¿Podré saberlo alguna vez?

      Me levanto de la silla y me voy a mi habitación.

- ¿A dónde vas?

- A mi habitación, necesito estar un tiempo sola.

- Pero...

- Déjala Keith. - Le corta agarrándolo del brazo. Doy media vuelta y me voy.

   Entro en la habitación y me siento en el escritorio. Cojo un papel, un lápiz y me pongo a dibujar. No sé qué dibujo, tampoco sabía que dibujaba tan bien, es como si el lápiz se moviera solo. Cuando me fijo bien  me quedo con la boca abierta, he dibujado a un chico, que ocupa todo el folio, un chico muy guapo con unos ojos rasgados y el pelo ondulado. Mi mano se va sola al color marrón y pinta el pelo, luego suelta el color y va hacia el verde y pinta sus ojos. Su mirada es como si me mirara con cariño y amor y una pequeña sonrisa se asoma entre sus labios. Asustada guardo el folio entre unos libros, ¿cómo es posible que dibujara a un chico tan decidida sin antes conocerlo? y si lo conociese, ¿quién es?

    Llaman a la puerta y el sonido de los goles me quita de mis pensamientos.

- ¿Quién es?

- Soy yo, Keith.

- Pasa, tú ya no tienes ni que pedir permiso.

    Entra por la puerta, coge una silla y se siente en frente mía.

- ¿A qué viene esa cara tan seria? Si supiera que te pondrías así no te lo decía, solo quería que lo supieras.

- Tú no tienes la culpa, es solo que no lo doy procesado. - Me abraza y me hundo en su pecho tranquilizándome con sus latidos.

- ¿Mejor?

- Sí, gracias. - Levanto la cabeza y ahí está él mirándome fijamente con una sonrisa tranquilizadora. Está tan cerca que no puedo evitarlo y mis labios se funden con los suyos en un beso.

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