- Pero si estoy casada, ¿dónde está el anillo de compromiso?
- Yo creo que tu anillo de compromiso es el anillo del olvido.
- Tienes razón Keith, pero lo más importante del sueño no es el anillo sino la sangre.
- ¿Cómo puede ser lo más importante?
- Creo que ya se por dónde está yendo tu tía, a lo mejor la razón de la sangre es lo que dio lugar a que me dieran el anillo.
- ¿Y si la sangre es del soldado?
- Keith, habrá que esperar al siguiente sueño para saberlo.
- Voy al hostal de nuevo, esto de que estoy casada es nuevo y tengo que centrarme. Intentaré descubrir algo más.
- Te acompaño.
Llegamos arriba, me giro y le abrazo, él me responde apretándome ligeramente con esa decisión y firmeza que tiene.
- Tranquila, conseguirás superar esto, sé que lo harás. - Me besa, no se cuanto tiempo estuvimos besandonos y abrazandonos, aunque eso es lo que necesitaba, Keith, mucho Keith.
—Es mejor que vuelva, mi tía estará preocupada. - Asiento, me da un buenas noches, me besa en la frente y se va.
No quiero dormir, no quiero volver a soñar y que me amargue lo que queda de día, aunque la verdad es que siento curiosidad pero da igual. Intento mantenerme despierta toda la noche pero es muy difícil, es como si el sueño te absorviera, como unos brazos negros que te atrapan y no te dejan salir. Estoy revelándome de este sueño, es horrible, pero cuando el momento se acaba llega la paz, en este caso, dormir.
Veo al soldado salir de la casa con la espada manchada de sangre, luego negro, no aparece nada mas.
Me despierto confundida, más confundida que del antiguo sueño aunque este fuera más corto. Ahora sé con certeza que alguien de la choza murió, mi «marido» o yo, pero si la muerta soy yo, ¿ahora mismo quién o qué soy?
